En esta obra, la artista desarrolla una estética que se liga a dos grandes corrientes plásticas: la pintura ingenua o naif, que rescata un arte inocente y puro, lejos de las normativas de la academia; y el arte de raigambre étnico, que recoge cierto universo simbólico ligado a culturas originarias o nativas.
En ambos casos el rechazo a la excesiva racionalidad o a la rígida academia es una constante que Mena conserva en su “Despensa”. Esto es claramente perceptible en los curiosos elementos que conforman el cuadro y que asemejan más a utensilios artesanales propios del mundo de la alfarería, característico de las culturas marginales, así como también es visible en el tratamiento compositivo de la obra, el que revela plano y abigarrado, casi como una composición infantil. Finalmente, la riqueza cromática que exhibe el cuadro, llena de tonalidades azules, amarillas, verdes y rojas, le otorgan un carácter ornamental que también se acerca al arte de tipo étnico tan próximo a los recursos decorativos y a una sensualidad primordial.
Año de publicación: 1999