Si bien es cierto que esta obra presenta los típicos elementos de este género, hay algo en el trabajo pictórico del color que la acerca de alguna manera a las interesantes versiones sobre este tema que desarrolló el artista Giorgio Morandi, en la década de los 60.
Desde un primer contacto, en esta obra se reconoce la materialidad de los objetos. Así aparece el metal de la olla, la cerámica de la jarra, la madera del frutero e incluso la suavidad de la seda rosada que se encuentra apoyada en la silla. Desde esta percepción, se puede decir que la artista ha “rescatado” a estos objetos de la indiferencia cotidiana.
Destaca también el trabajo cromático de la obra que se da a partir de los efectos de contrastes entre colores complementarios como, por ejemplo, entre los rojos y verdes ubicados estratégicamente al centro del cuadro. Por otro lado, es interesante la luminosidad de algunos elementos que le confieren a la obra un cierto aire “fantástico”, donde obviamente ha participado la imaginación cromática de la artista, impregnando a esta naturaleza muerta de un sello muy personal.
Año de publicación: 1996