IMAGINO EL MAR / Fiorella Angelini

Hoy es urgente pensar las relaciones entre la noción de lo humano y la naturaleza. El primero por su responsabilidad respecto a su entorno, y la segunda por su cualidad pasiva y dominada, el enunciar algo como “natural” se convierte en un objeto posible a explotar, cuestión que la artista visual Fiorella Angelini reflexiona en sus distintos trabajos que toman a la fotografía como medio, pero que se convierte en otra cosa al experimentar sus límites físicos mezclados con técnicas del collage.

Las relaciones entre naturaleza y cultura están siendo hoy revisadas acuciosamente, una extensa bibliografía teóricas de ecólogos, antropólogos, economistas, historiadores, entre muchos, han presentado el conflicto en un futuro inmediato de cómo nuestra relación con lo natural debe mutar a una ética aún desconocida por parte de los humanos. La cultura industrial que se produjo en el siglo XIX, y los mundos políticos de cada extremo –la producción capitalista o el comunismo productivista–, no pusieron atención a los efectos de la explotación, la bandera del progreso escondía una oscura cara de residuos, colonialismos y abusos. A pesar de la reformulación del mundo natural producto de la industria, la reformulación de un nuevo concepto de lo humano y de la naturaleza quedaron congeladas. El arte en ese sentido tuvo una intensa reflexión desde el siglo XIX: los paisajes y los efectos de la industria podían verse a “lo lejos” en los paisajes pastoriles de Millet, como una abstracción en las pinturas de Turner y en un escape a mundos exóticos y primitivos por parte de los posimpresionistas y la primera vanguardia. Estos paisajes realizados por europeos blancos y pertenecientes a una élite representaban sus proyecciones tan dominantes como el dominio que efectuaba Inglaterra o Francia a las colonias, creando una imagen de un paisaje virgen, exótico y distante. En paralelo, los pintores no asociados al arte, sino a las expediciones botánicas, producían una serie de imágenes del paisaje enfocándose en la descripción fiel al modelo natural del suelo, las plantas, los minerales, el agua y los distintos recursos descritos tan detalladamente para presentar a los ojos del imperio la calidad y cantidad de recursos a explotar en cada colonia, esta vanguardia capitalista se implementó a mediados de siglo XIX en América Latina, África y Oceanía.

Estas ideas se vienen a la cabeza al observar las obras de Fiorella Angelini, artista que ha trabajado el lenguaje fotográfico y sus extensiones materiales, y que en esta exhibición propone selección de sus principales trabajos producidos desde 2015 hasta la fecha. El recorrido comienza con la obra “Abajo” (2016-2017) instalación que consiste en tres placas de cobre, de tamaño humano, impresas con imágenes que evocan al paisaje de la minería: en lo alto montañas rugosas que se juegan con la percepción del espectador, y abajo, el cobre brillante que sirve como soporte y al mismo tiempo como material significante. En continuidad con la idea de la materialidad presenta tres obras asociadas al cemento como material de la modernidad: “Perro negro” (fotografía análoga de un perro negro en un parque de cemento, 2015) y “Half cement” (díptico de fotografías de un cerro con naturaleza xerofita intervenido con cañerías y antenas; y un cerro bañado en cemento, 2017). El paisaje poscolonial se advierte en las obras “Kew´s” (fotografía del jardín botánico del Kew en Londres, 2018) y “El Elqui no quiere palmeras del puerto” (collage de fotografías de un cerro con palmeras superpuestas, 2020). El jardín botánico es un lugar que se apropia de la naturaleza y la domestica –el Kew Garden fue un proyecto del imperialismo británico–, pero aquí aparece a punto de quemarse. La amenaza del fuego se mezcla con la amenaza a la imagen por la sobreexposición, y también con una tercera amenaza: la mano humana que puede trasladar especies exógena como la palmera en un ecosistema que no le pertenece.

Por último “Mar” (2019) y “HalfWhole” (2019), cierran la exhibición y presentan dos fotografías, por un lado, el mar inmenso y de profundos colores, y por otro, la mitad del rostro de una persona. Ambas están completamente blancas en su mitad, al verlas juntas en la exhibición pareciera que la blancura es la juntura de ambas, como si tuvieran una conexión profunda e irreconocible.

Fiorella Angelini transmuta sus fotografías análogas en cuestionamientos sobre el paisaje, la poscolonialidad y las nuevas relaciones que establecemos como humanos frente a lo natural. El uso de la fotografía como medio y sus experimentaciones con las sobreexposiciones permite ingresar en sus reflexiones de un medio que aún puede dibujar los indicios del uso de la imagen en nuestra era contemporánea. Según la artista:

“La foto es una posibilidad para acceder a lugares anecdóticos, repensar el archivo fotográfico y encontrar relaciones visuales por azar y por fuerza de ejercitar la mirada. Podríamos decir que existe una metodología del error y el experimento que también se refleja en el método de trabajo. Este método vuelve a simbolizar las imágenes que uso, solo cuando se cambia la configuración de los elementos que componen la pieza. Encuentros fortuitos entre imágenes y conexiones que se encuentran tropezando por las calles”.

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IMAGINO EL MAR

Hoy es urgente pensar las relaciones entre la noción de lo humano y la naturaleza. El primero por su responsabilidad respecto a su entorno, y la segunda por su cualidad pasiva y dominada, el enunciar algo como “natural” se convierte en un objeto posible a explotar, cuestión que la artista visual Fiorella Angelini reflexiona en sus distintos trabajos que toman a la fotografía como medio, pero que se convierte en otra cosa al experimentar sus límites físicos mezclados con técnicas del collage.

En “Imagino el mar” propone una selección de sus principales trabajos producidos desde 2015 hasta la fecha. El recorrido comienza con la obra “Abajo” (2016-2017) instalación que consiste en tres placas de cobre, de tamaño humano, impresas con imágenes que evocan al paisaje de la minería: en lo alto montañas rugosas que se juegan con la percepción del espectador, y abajo, el cobre brillante que sirve como soporte y al mismo tiempo como material significante. En continuidad con la idea de la materialidad presenta tres obras asociadas al cemento como material de la modernidad: “Perro negro” (fotografía análoga de un perro negro en un parque de cemento, 2015) y “Half cement” (díptico de fotografías de un cerro con naturaleza xerofita intervenido con cañerías y antenas; y un cerro bañado en cemento, 2017). El paisaje poscolonial se advierte en las obras “Kew´s” (fotografía del jardín botánico del Kew en Londres, 2018) y “El Elqui no quiere palmeras del puerto” (collage de fotografías de un cerro con palmeras superpuestas, 2020). El jardín botánico es un lugar que se apropia de la naturaleza y la domestica –el Kew Garden fue un proyecto del imperialismo británico–, pero aquí aparece a punto de quemarse. La amenaza del fuego se mezcla con la amenaza a la imagen por la sobreexposición, y también con una tercera amenaza: la mano humana que puede trasladar especies exógena como la palmera en un ecosistema que no le pertenece.
Por último “Mar” (2019) y “HalfWhole” (2019), cierran la exhibición y presentan dos fotografías, por un lado, el mar inmenso y de profundos colores, y por otro, la mitad del rostro de una persona. Ambas están completamente blancas en su mitad, al verlas juntas en la exhibición pareciera que la blancura es la juntura de ambas, como si tuvieran una conexión profunda e irreconocible.
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BORDAR EL BORDE

Bordar el Borde es un taller de bordado que forma parte del programa de mediación de CCU en el Arte, realizado durante el tiempo de pandemia por la artista visual Claudia Gutiérrez con vecinas de la comuna de Renca.
Esta experiencia realizada en conjunto con el departamento de cultura de la Municipalidad de Renca, tiene por objetivo, levantar en conjunto con los ciudadanos un imaginario propio del paisaje, validando la biografía de cada persona a partir de la técnica del bordado, valorizando así la producción manual de oficios tradicionales y domésticos que cruzadas con el aprendizaje y comprensión de los procesos de investigación y observación del arte permite visibilizar una identidad local de comunidades que habitan un territorio común.
Este programa de talleres proponen pensar y repensar el patrimonio inmaterial como un cuerpo social que hace gestión y construcción de una identidad, que en este caso, a través del lenguaje del bordado expresa las vivencias, las tradiciones y las características propias de estos territorios.
Por otra parte entrega un espacio fundamental a las comunidades de encuentro y diálogo que potencian y otorgan una experiencia que generan mejor calidad de vida. A partir del encuentro con pares se da espacio a la observación de las propias vivencias y del entorno común, lo cual a través de la enseñanza de la técnica y la observación de los procesos creativos dan vida a las obras que conforman esta muestra.
Finalmente esta experiencia grupal cobra mucha relevancia en este contexto de pandemia abriendo una ventana virtual de conversación y contención a personas que habitan un mismo territorio, comparten preocupaciones similares y sufren las mismas consecuencias del encierro.
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SIN DESCANSO

Ximena Zomosa presenta Sin descanso muestra que reúne trabajos desde 1997 hasta 2014, presentados en Santiago y Sydney. Registros de sus principales instalaciones, obras y fotografías que se concentran en la idea de la mujer y sus tareas domésticas en el contexto del encierro. Obras que van desde mechones de cabello sobre papel mural, marcos confeccionados con dulces, pelos que forman dibujos, hasta una acción de la artista registrada por la fotógrafa Paz Errázuriz. Conforman una exhibición que abre preguntas y reflexiones en torno a la idea de la mujer en sus distintos roles de: madre, contenedora, trabajadora, creadora y, en este caso, artista.
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REENCUENTROS POÉTICOS Y MATERIALES

La actual exposición virtual recopila cerca de 40 obras pictóricas y escultóricas de dos períodos de trabajo realizados en los talleres exploratorios de artes visuales, que se desarrollan en la sede metropolitana de Balmaceda Arte Joven. Dichos talleres estuvieron a cargo de dos artistas diferentes, el 2017 Catherine Sepúlveda, artista plástica y profesora de artes visuales, realiza talleres de pintura durante dos años consecutivos y luego Pablo Fuentes, escultor y educador, realiza un giro hacia la escultura en madera durante el pasado 2019. En ambas instancias participaron cerca de 30 estudiantes de entre 16 y 23 años de la Escuela Especial Tamarugal de la comuna de Lo Espejo, quienes se trasladaron desde su establecimiento hasta la corporación cultural para experimentar con materiales de ambos lenguajes plásticos.

Los talleres en ambas versiones se enfocaron a la exploración, primero de técnicas pictóricas y luego a la tridimensionalidad en madera, de forma libre, intuitiva y muy experimental, fomentando la búsqueda de un estilo propio y exploratorio con cada uno de los lenguajes plásticos.

Estos talleres son un componente del Plan de Formación artística de Balmaceda Arte Joven metropolitana, destinados a jóvenes de diversidad cognitiva de establecimientos educacionales especiales.

Hoy se presenta una selección de ambas experiencias de manera virtual, como una forma de reunir la primera y última versión en la Sala de Arte, Foco social de CCU, donde se invita al espectador a recorrer las obras con una nueva mirada, y una nueva exposición titulada Reencuentros poéticos y materiales, bajo la curaduría de Ramón Castillo, quien por tercer año consecutivo ha sido un aporte a esta labor.
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PINTURAS

La exposición “Pinturas” de Francisca Reyes considera el montaje de una serie de fotografías realizadas entre 2016 – 2020, en la que observamos escenas capturadas en el instante donde el límite entre la fotografía y la pintura desaparecen, presentando modelos y fondos, colores y formas, luces y sombras propias de la tradición pictórica. Niñas atrapadas en cortinas, personas detrás de mamparas, miradas atónitas y melancólicas, paisajes nevados con pequeños destellos de color, mapas gimnásticos, geometrías antiguas y colores radiantes; son algunos de los elementos que nos encontramos y asombramos al ver su parecido al pasado histórico de la pintura posimpresionista, abstracta y modernista de la década del 50. Toda esta mezcla provoca que el ojo y la cámara de Francisca Reyes se unan y se transformen en una paleta y un lienzo.