VOLVER A MIRAR / Ximena García Blanco

Ximena García Blanco es una artista que se ha dedicado a la acuarela desde el año 1998. Nació en Paillaco, zona rural que la formó visualmente transmitiendo en sus pinturas una profunda conexión con la naturaleza verde, brumosa y sublime del sur de Chile.

La exposición “Volver a mirar” consiste en una selección de acuarelas que a pesar de ser figurativas (representar paisajes y árboles) se transforman en visiones y experiencias para el espectador: la técnica y la imagen se funden logrando un efecto sutil, pero a la vez avasallador.

 

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VOLVER A MIRAR

Cuando nos referimos al arte de la pintura casi siempre caemos en la trampa de la representación: nos fijamos qué formas aparecen, tratamos de reconocer y entender, o argumentar su historia. Este esfuerzo ha convertido a la pintura en un ejercicio intelectual. Pablo Picasso frente a las preguntas sobre qué significa su pintura respondía molesto diciendo: ¿acaso debemos entender el canto de un pájaro? Claramente no. Nos deleitamos, los abrazamos y los percibimos desde todos los sentidos. En la pintura pasa algo parecido.
Una de las tantas técnicas y tradiciones pictóricas es la acuarela, una materialidad que exige a los sentidos recorrer sus formas, que combina el gesto del pintor sobre el agua dispuesta en un papel. La combinación entre “destreza y azar” la convierten en un arte distintivo frente a la “destreza y control” que posee el óleo.
Ximena García Blanco es una artista que se ha dedicado a la acuarela desde el año 1998. Nació en Paillaco, una ciudad ubicada en un sector rural en la región de Los Ríos. Su nombre en mapudungun se traduce como “aguas tranquilas”. Este es un dato no menor: los artistas son el resultado de su entorno y esta localidad presenta a la experiencia visual imágenes inigualables: grandes extensiones de verdes rodeadas, a pocos kilómetros, de lagos y grandes cerros teñidos de los blancos y la bruma del sur de Chile. La artista transmite en sus pinturas esa profunda conexión con la naturaleza a través de paisajes y elementos naturales, es como si hubiera nacido en una acuarela: es el agua del sur, tanto en su estado líquido como gaseoso, la que refleja y difumina todo paisaje. En sus palabras:
“Mis pinturas representan en su mayoría paisajes. Mi necesidad creativa es la búsqueda de la conexión con la naturaleza, de la emoción de paz que me genera el silencio y la soledad de ésta, de la detención consciente. (…) Trabajo la luz y la transparencia que me permite la técnica de la acuarela. También la mezcla de los pigmentos y el agua sobre el papel húmedo, de tal manera, que estos sigan un camino dirigido dejando que el azar se manifieste solo en contadas ocasiones. Finalmente que la suma de lo anterior logre la grandeza y emoción de los paisajes que habitan en mi memoria”.
La artista se refiere a la naturaleza, la luz y la transparencia como si fueran espejos de la acuarela. El papel al aplicarle agua, al humedecerlo, y alzar gestos a través de pigmentos cita el territorio, la humedad y la bruma de su primer hábitat.
Este texto me hace hablar de uno de los temas preferidos que he tenido el privilegio de conocer. Es tan largo hablar del fenómenos de la acuarelas que creo que no da para definir en un párrafo su desarrollo y arraigo en la cultura occidental. A pesar de eso, y en referencia a la obra de la artista, la acuarela es una técnica que necesita de papel y pigmentos, nunca tuvo un protagonismo clave hasta la aparición de Durero que la transformó en una tradición desde el siglo XV, formándose escuelas de acuarelistas en la posteridad. La tecnología del óleo la relega, pero aún así persiste. Uno de los pintores más influyentes de la cultura occidental –que estudió mucho las estampas japonesas– fue William Turner. Pintó de manera brillante con acuarela pinturas de la naturaleza que también proponían la combinación entre el paisaje industrializado de Londres del XIX y las formas en cómo se apropiaba de los cursos naturales del agua. El estado líquido y gaseoso fue fundamental, que hasta lo refleja en los trenes a vapor: una fascinante mezcla de velocidad, acero y agua que transforman a la pintura en una mancha difícil de identificar.
La exposición de Ximena García Blanco se titula “Volver a mirar” consiste en una selección de acuarelas que a pesar de ser figurativas (representar paisajes y árboles) se transforman en visiones y experiencias para el espectador: la técnica y la imagen se funden logrando un efecto sutil, pero a la vez avasallador. La primera imagen representa un paisaje que combina de manera equilibrada tonos cálidos como el rojo y el naranjo, y tonos fríos como el gris y el azul; aquí la artista demuestra su destreza e invita al recorrido del espectador. Una serie de árboles con fondos blancos parecen abstracciones, gestos, que recorren el pequeño caudal del agua sobre el papel, formando grafías que se remontan a los misteriosos lenguajes del oriente del siglo XIX. Un paisaje frío aparece como obra conector: al contrario a la obra del principio, acá el azul es pregnante y la composición se afirma en este color desplegando un cielo brumoso. Como final del recorrido los paisajes toman el protagonismo: nubes, hielos, monocromos, tintes de amarillos, son algunos de los elementos que reconocemos, que emocionan y sorprenden al volver a mirar la belleza y melancolía del paisaje sureño a través de la experiencia, sensibilidad y ojo de la artista.

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laura, luciérnagas y tuluz

El arte, en términos generales, ha sido una invención que no está exenta de los cambios sociales que sufre una cultura: invasiones, guerras, crisis, conquistas, abundancia y pestes; son algunos de los hechos que afectan al artista y la producción de su obra, pero también repercuten en la circulación, la puesta en escena y los modos en que los públicos se relacionan con las obras de arte.
Las artistas Francisca Martínez y Lucia Rodríguez presentan “laura, luciérnagas y tuluz” una muestra virtual para sala CCU que reflexiona sobre los límites de la representación y la puesta en escena del arte en términos de lo digital, una era que se nos avecina, o que ya se instaló, y que necesita de una reformulación de lenguajes para presentar obras artísticas.
Francisca Martínez (1986) ha desarrollado un trabajo en torno a su percepción del mundo natural. En sus distintas obras ha construido combinaciones de elementos bidimensionales y tridimensionales como pinturas, dibujos y objetos que provienen de materiales orgánicos e inorgánicos. Sus trabajos reproducen de manera imaginativa piedras, flores y enrredaderas, formando interesantes instalaciones e intervenciones en espacios naturales donde conviven la naturaleza y la cultura.
En sus palabras:
“Pintar y dibujar es la base que utilizo para crear imágenes, trabajo con distintos soportes y pigmentos. Hace un rato tomo intuitivamente elementos de la pintura y otros del dibujo que conviven a tal punto, que llego a entenderlos como un mismo lenguaje. La importancia de las retículas, la lógica de las redes internas, la síntesis de una línea y la complejidad de una trama, la generación de atmósferas, la superposición de capas, la convivencia entre la línea y la mancha, la presencia aditiva y sustractiva de la pintura”. (Declaración de la artista, 2021).
Por otra parte, Lucía Rodríguez (1986) ha desarrollado una obra en Chile y en el extranjero. Su trabajo se ha concentrado en el color. Creando esculturas, con telas anudadas y teñidas, de redes que flotan en el espacio,; también instalaciones que recogen una serie de materiales como madera, arcilla, goma de mascar, plastilina, fieltro, oleo, acrílico, tinta, etc.; y, por último, en la pintura experimentando con una serie de obras abstractas y modernas, pero que poseen una orgánica, una vitalidad, expandiéndose a la creación de pinturas digitales: formas reconocibles que se traducen en paletas iridiscentes. La artista declara: “Me pregunto qué trata de decirme la diferencia entre dos colores. Si reduzco la velocidad, si me detengo, puede que encuentre la respuesta” (2021).
Ambas artistas desarrollan una muestra especifica para el contexto digital de la sala CCU. Crean obras abstractas, pero con tintes del real al combinar la naturaleza y el artificio, utilizando una paleta cromática acorde a nuestros tiempos.
En la primera parte Francisca Martínez desarrolla un trabajo que tiende a la abstracción: un cuadro, como una ventana completamente azul, incluye elementos de distintos tonos y procedencias; seguidamente, un cuadro azul evoca al mar y una serie de formas irregulares se despliegan flotando sobre él. En una esquina una construcción de triángulos confeccionados con una gama cromática de rosas, morados y azules, sobre ella flotan elementos que evocan al mundo orgánicos de tierras, ramas, piedras, palos y agua. En la segunda parte aparece un trabajo conjunto de las dos artistas: escriben un texto con forma de poema. La lectura también nos exige actualizar nuestra mirada, confluyen signos, palabras, dibujos, el lector puede leer en sus propios códigos y recrear esta invención. Como tercera y última parte, la artista Lucía Rodríguez crea una instalación digital. Pinta los muros desde un rosa, pasando por un naranja y terminando en un amarillo, para poner sobre él siete piezas. Una serie de dioramas que contienen una naturaleza artificial, incorporando plantas, piedras y elementos geométricos, como una recolección de formas futuras contenidas en esta serie de hornacinas. Algunas están animadas y otras congeladas en el tiempo y espacio que las contiene.
“laura, luciérnagas y tuluz” es una imperdible muestra de artistas contemporáneas, que nos revelan el nuevo mundo de lo digital, algo que hace un tiempo se notaba aún lejano, pero que ahora se vuelve en un medio con sus propios, códigos, formas y apariencias.



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#ReciclarEsUnArte

La exposición #ReciclarEsUnArte está compuesta por 24 obras, confeccionadas con materiales reciclados o reutilizados, ganadoras y menciones honrosas del Concurso #ReciclarEsUnArte realizado en por CCU en el Arte en conjunto con Chile sin Basura 2040.
El concurso se realizó en dos modalidades, para público general  y para hijos y trabajadores de la compañía. La invitación fue a crear una obra únicamente con residuos, en temática y formato libre. Esta iniciativa buscó promover la creación artística y el reciclaje,  para incentivar y reforzar en las personas una cultura en torno a los hábitos de reciclaje.  
Es en este sentido donde el arte se convierte en un medio de transformación donde podemos poner en valor temas tan importantes como estos, creando  conciencia y reflexión; y donde a partir de la creatividad se logra la resignificación de los materiales.
La convocatoria estuvo abierta a niños y adultos de todo el país continental y contó con tres categorías: Niños, para participantes hasta los 10 años; Jóvenes, para personas entre 11 y 18 años, y Adultos, para mayores de 18 años y los ganadores fueron elegidos por un jurado multidisciplinario.
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ESPURIAS

Francisco Uzabeaga es un destacado artista visual que se ha dedicado de manera incansable a la pintura. Sus estudios comienzan en la Universidad de Chile, espacio de enseñanza artística con un fuerte componente y acento en la pintura –pasaron por sus aulas y sus cátedras personajes de la talla de Adolfo Couve–. Allí aprendió el arte de pintar: telas, bastidores, pinceles, pigmentos, aglutinantes, caballete y horas de taller. Su trabajo es meticuloso ya que produce sus pinturas con la antigua técnica de la cuadrícula: sobre una imagen se proyectan una serie de líneas verticales y horizontales equidistantes, que se trasladan a la tela. Si bien es utilizada para pinturas murales, y grandes dimensiones ya que tiene la virtud de variar los tamaños, tiene como objetivo principal corregir los errores de la traslación.

En “Espurias” podemos observar maravillosas pinturas que combinan todos los métodos del artista en su investigación visual y su forma de pintar. Por un lado, imágenes de la historia del arte extraídas de la Revista Icarito por ejemplo el caso de “Ofelia” de Millais. Una impresionante imagen de la trágica muerte de Ofelia –la amada de Hamlet–, que aparece en la revista con un close up en su rostro y cuerpo y en blanco y negro, Uzabeaga la tradujo tal como se veía en la revista.. Posteriormente reprodujo una serie de obras sacadas de fotogramas de revistas de películas de Hollywood, donde los rojos, naranjos, verdes y azules luchan por el protagonismo en la escena –al igual que las estrellas Judy Garland y Marilyn Monroe– o en las versiones más contemporáneas donde Kirsten Dunst hace una caprichosa María Antonieta bajo el lente de Sofia Coppola. Otras imágenes inundan la exhibición con su precisión y carisma visual a través del laborioso trabajo en blanco y negro: parejas famosas del cine son descontextualizadas y detrás de ellas se asoman pinturas de Velásquez, Durero y Leonardo, son reproducciones de reproducciones que habitan de manera equilibrada y sofisticada unas con otras: el peso de la obra se absorbe por el peso del papel mural y los cuerpos que sirven de figuras para los saturados fondos.
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Sala de Arte CCU Virtual 2021

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CIUDADES UTÓPICAS

En “Ciudades Utópicas” exhibición virtual en CCU el artista Leonardo Portus combina los registros fotográficos y dibujos de dos proyectos anteriores: “Esta será mi casa cuando me vaya yo?” (Sala Gasco, 2012) y “Estación Utopía” (MAVI, 2014).

En el primero construye maquetas de conjuntos habitacionales ficticios basados en la vanguardia que se produjo a principios del siglo XX. Estos movimientos deseaban unir los binomios arte y vida, dejando de lado el arte tradicional (la pintura y la escultura), integrando el arte en la vida de las personas a través de su aplicación en la vida diaria: en la construcción, el diseño industrial, la gráfica, entre otros, fueron los soportes y fuentes de comunicación para crear cambios en el mundo social. Portus se concentró en el retorno a este periodo, reinventando edificios para un cerro en Valparaíso, departamentos de la Villa Portales, unos dúplex en la comuna de Recoleta, bloques biomorficos venidos de Rusia en los sesenta y un conjunto que se asemeja a una colmena. ¿Son edificios? ¿Son esculturas? Son retablos, maquetas, que operan como un caballito de juguete al tratar de traer a la vida lo ausente, lo inconcluso y lo utópico que significó reunir los conceptos arte y vida. Estas miniaturas las llevó a su patio y las registró encuadrando el cielo azul y los efectos de la luz. Las fotografías funcionan como una trampa al ojo, confundiendo al espectador frente a los límites de la realidad y la ficción.

En el segundo, “Estación Utopía”, propone –en palabras del artista– un viaje a la tierra de nunca jamás. El proyecto nace a partir de una investigación en torno a la arquitectura moderna que se iba a instaurar en Chile en la década de los sesenta, específicamente en el proyecto del Metro de Santiago. Su corte, hizo que el artista reimaginara su continuidad creando tres estaciones: Violeta Parra (actual metro San Pablo), Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Cada estación la realiza en miniatura, una combinatoria entre retablo y maqueta, pintura y escultura, artesanía y diseño; tres espectaculares piezas que incluyen un vitral de Frank Stella, una supuesta obra de Matilde Pérez –hecha con luces que se utilizan para los árboles de navidad–, un mural de Roberto Matta, las fases de la luna, el código Fibonacci, etc. También incluye fotografías inimaginables: cómo un gigante introduce la cámara en cada maqueta, capturando ilusorias tomas que son imposibles de hacer en edificios reales.



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RADIOGRAFÍA DEL CORAZÓN CHILENO EN PANDEMIA

Lacaracola A Ser Feliz es una fundación creada por Carolina Galaz en enero de 2016.
Tiene por misión desarrollar en niñ@s y adolescentes con cáncer, atendidos en la red de salud pública, la expresión emocional y la creatividad a través de la metodología Lacaracola aplicada como arteterapia.
En convenio con el hospital Dr. Luis Calvo Mackenna, y Hospital Roberto del Río, la fundación trabaja en sus respectivas unidades de oncología en equipo con la unidad psicosocial de cada establecimiento, atendiendo alrededor de 300 niñ@s y jóvenes al año.

Producto de la pandemia, nuestra labor ha dejado de ser presencial y hemos sido testigos de cómo el mundo ha tenido que vivenciar el aislamiento que nuestros niñ@s viven durante su tratamiento, es por esto que para la presente exposición además de nuestros pacientes hemos invitado a más personas: médicos, enfermeras y técnicos de hospitales, artistas emergentes, emprendedores, estudiantes universitarios, familias en cuarentena y más. Enviamos 70 obras a domicilios y casas de acogida para ser intervenidas de forma artística, creativa y libre transformando el corazón en el suyo propio, sintiendo que al pintar, amarrar, desarmar, pegar, unir, romper, agrandar, achicar y expandir representando el corazón de todo un país.

Agradecemos sinceramente a [email protected] [email protected] participantes. Soñamos con ver todos estos corazones transparentando el sentir, haciendo una radiografía de los corazones de Chile.
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DESECHOS MODERNOS

El destacado artista Carlos Navarrete presenta Desechos modernos una exposición virtual que reúne el registro de un trabajo que comenzó en 2014 en Cali, Colombia, y que volvió a reinventarse en 2020 en el MAM de Chiloé, construyendo una instalación conformada por un jardín con desechos y plantas nativas. Además veremos una serie de fotografías que el autor realza en sus caminatas por la ciudad de Santiago, encontrando situaciones artísticas que rescata con su lente, revelándonos la belleza de las formas y geometrías de elementos insignificantes e invisibles.
Carlos Navarrete, (Santiago de Chile,1968). Formado como pintor en la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile (1988-1992). Perfeccionó su carrera artística en el Centro de Arte Contemporáneo (CCA) de Kitakyushu, Japón en el período académico 2000 - 2001, tomando parte en el “Research Program” de esa institución. Posteriormente en 2001 la Fondazione Ratti en Como Italia, lo consideró para el Corso Superiore in Arte Visiva a cargo de Marina Abramovic. Desde el año 1990 su obra se ha exhibido en diversas ciudades de Chile y el mundo: Cleveland State University Art Gallery (EUA), Stedelijk Museum voor Aktuele Kunst, (Bélgica), Galeria Florencia Loewenthal (Santiago), Centro Cultural Matucana 100 (Santiago), la 28 Bienal Internacional de São Paulo y en la II Trienal Poli Gráfica de San Juan, Puerto Rico.
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IMAGINO EL MAR

Hoy es urgente pensar las relaciones entre la noción de lo humano y la naturaleza. El primero por su responsabilidad respecto a su entorno, y la segunda por su cualidad pasiva y dominada, el enunciar algo como “natural” se convierte en un objeto posible a explotar, cuestión que la artista visual Fiorella Angelini reflexiona en sus distintos trabajos que toman a la fotografía como medio, pero que se convierte en otra cosa al experimentar sus límites físicos mezclados con técnicas del collage.

En “Imagino el mar” propone una selección de sus principales trabajos producidos desde 2015 hasta la fecha. El recorrido comienza con la obra “Abajo” (2016-2017) instalación que consiste en tres placas de cobre, de tamaño humano, impresas con imágenes que evocan al paisaje de la minería: en lo alto montañas rugosas que se juegan con la percepción del espectador, y abajo, el cobre brillante que sirve como soporte y al mismo tiempo como material significante. En continuidad con la idea de la materialidad presenta tres obras asociadas al cemento como material de la modernidad: “Perro negro” (fotografía análoga de un perro negro en un parque de cemento, 2015) y “Half cement” (díptico de fotografías de un cerro con naturaleza xerofita intervenido con cañerías y antenas; y un cerro bañado en cemento, 2017). El paisaje poscolonial se advierte en las obras “Kew´s” (fotografía del jardín botánico del Kew en Londres, 2018) y “El Elqui no quiere palmeras del puerto” (collage de fotografías de un cerro con palmeras superpuestas, 2020). El jardín botánico es un lugar que se apropia de la naturaleza y la domestica –el Kew Garden fue un proyecto del imperialismo británico–, pero aquí aparece a punto de quemarse. La amenaza del fuego se mezcla con la amenaza a la imagen por la sobreexposición, y también con una tercera amenaza: la mano humana que puede trasladar especies exógena como la palmera en un ecosistema que no le pertenece.
Por último “Mar” (2019) y “HalfWhole” (2019), cierran la exhibición y presentan dos fotografías, por un lado, el mar inmenso y de profundos colores, y por otro, la mitad del rostro de una persona. Ambas están completamente blancas en su mitad, al verlas juntas en la exhibición pareciera que la blancura es la juntura de ambas, como si tuvieran una conexión profunda e irreconocible.