En esta obra, la artista despliega en forma vital y exuberante, la presencia de una serie de cuerpos vegetales que se levantan hacia la mirada del espectador, exhibiendo -con festivo desparpajo- lo esfímero de su presencia. En el cuadro es posible observar un tratamiento formal que lo acerca a ciertos aspectos del expresionismo, tales como: la presencia de un explícito vigor cromático, sustentado en el uso de tonalidades rojas, amarillas y -en menor medida verde. El uso matérico y texturado de la pintura, permitiendo intuir una superficie de distintos relieves. Ciertos rastros o huellas de manchas o chorreados de pintura, que registran la acción y el gesto físico mismo de la artista al momento de crearlos.
Por último, pese a lo irrelevante del tema y la festiva atmósfera que irradia, se aprecia una indudable seriedad en el manejo de la composición, desplegada con una estructura pictórica sólida y equilibrada.
Año de publicación: 1997