Esta obra se inserta dentro de una de las tendencias que protagonizan el trabajo de este artista: el impecable manejo de la técnica pictórica, hecho que en cierta medida lo acerca a la estética de la corriente hiperrealista, reflejando al mismo tiempo su apego al tratamiento académico de las formas.
Por su parte, la pintura se inscribe dentro de cánones clásicos pues se observa una clara alusión al arte griego, demostrando a la vez una interesante soltura manual visible en el tratamiento del fondo.
Un detalle curioso es el espacio en el cual se desarrolla el montaje del modelo, que es el propio taller del artista, lo que junto a la atmósfera y los colores le confieren a la pintura un poderoso carácter íntimo.
Finalmente, la luz es quizás el elemento más importante: equilibra la composición, atrae la mirada hacia los centros de interés visual y fortalece la atmósfera caracterizada por la ausencia humana y el silencio.
Año de publicación: 1995

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