La obra de Ludwig mantiene contactos formales con varias corrientes estéticas del siglo XX, a la vez que conforma una de las obras personales más originales en el arte chileno. Va a ser, sin embargo, su relación con la pintura metafísica y surreal de Giorgio de Chirico la que se despliega con mayor recurrencia y brillo.
En “Plaza de San Marco”, el artista nos presenta mediante un dibujo geométrico perfecto y limpio, la presencia del escenario veneciano aparentemente normal y cotidiano, sin embargo, al concentrar la mirada nos encontramos una atmósfera inquietante en su serenidad, producto de las paradojas formales que se observan. Tal es el caso de construcciones incompletas, la paloma que emerge de la nada y sobre todo la abismante ausencia total de vida humana. Por último, cabe destacar que el trabajo cromático, de predominancia fría, se complementa perfectamente con el rigor formal de la obra para conseguir un resultado sugerente e inquietante.
Año de publicación: 2001