La obra de Marcelo Larraín, que privilegia los paisajes, desnudos y naturalezas muertas, se encuentra ligada a la tradición pictórica clásica, cercana a la pintura intimista y esencial de importantes pintores chilenos como Pablo Burchard (1875-1964) y el pintor y escritor Adolfo Couve (1940-1988).
En “Butterkafe”, Larraín realiza una naturaleza muerta cuyo tema es totalmente trivial: son simples quesos sobre una mesa. Sin embargo, el tema para Larraín es sólo un pretexto para concentrarse en problemas pictóricos fundamentales de su obra: el óleo, la pincelada, el valor, el momento fugaz, la esencia de las cosas. Para lograr aquello, utiliza una técnica que se sustenta en la economía de medios, en el fragmento en la mancha, incluso algunos objetos están inacabados en forma intencional. No hay nada estridente en su obra, no hay nada que esté demás, todo es silencio y concentración. Incluso el color está prácticamente ausente. Todo es luz, todo es atmósfera, todo es lirismo visual. De esta forma, Larraín se integra a una tradición importante de la historia de la pintura chilena, en donde el tema en el fondo siempre es la pintura misma, su propio lenguaje.
Año de publicación: 2003

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