Esta obra desarrolla uno de los ejes fundamentales del trabajo de su autor, ya que muestra una concepción de lo pictórico centrada en elementos como la espontaneidad del trazo, la exuberancia cromática y la relación física entre artista y tela.
El cuadro está compuesto por una serie de trazos azarosos y febriles que recuerdan la estética del pintor Joan Miró; resultando altamente dinámico y gestual.
Por su parte Benmayor recurre al uso del chorreado, la composición saturada, la tensión negro-colores puros y la ingenuidad intencional sobre la figura de la mujer. Todo esto acerca la obra a ciertos ejemplos de arte infantil o de enfermos mentales, quienes en ausencia de una racionalidad lógica realizan lo que para muchos es un arte “puro”, ajeno a las limitaciones y la “contaminación” de una formación académica.
Año de publicación: 1993