En esta obra, Benmayor pone en evidencia su clara cercanía con los postulados estéticos del Neoexpresionismo de los años 80, lo que se observa en el manejo suelto del dibujo, el vigor cromático y la fuerza y sensualidad de sus pinceladas.
En “La Palmera y la Pirámide”, Samy Benmayor plasma una composición abigarrada y algo caótica, en donde la claridad y rasgos de los objetos (como la pirámide, animales, palmera y casa) se diluyen en una especie de tornado pictórico, lleno de energía, de colores vivos e intensos, y de pinceladas que muestran la impronta física del pintor en el acto de crear. Esa es la importancia pictórica de este cuadro, un intenso devenir de pura sensualidad pictórica y el imperio de la mancha y textura pictórica que, como buen expresionismo, apelan a la emoción del espectador y no a su razón analítica.
Año de publicación: 1993

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